Si se trata del boletín de un solo autor, de todos modos andamos en grata compañía. Leer a Reyes –releerlo– implica conocer a sus amigos, otros grandes escritores. Ya tendremos ocasión de transcribir y comentar algunos de sus epistolarios con media intelectualidad del mundo occidental durante la primera mitad del siglo XX. No hay gran escritor de Nuestra Lengua, durante la segunda mitad del XX y el tiempo que llevamos del XXI, que no haya hablado de Alfonso Reyes. Hacia ellos irá también nuestro Boletín Alfonsino.
Sin necesidad de manifiestos ni de programas –mala costumbre ésta, como decía él, en mala hora importada de la política a la literatura–, nuestro Boletín se presenta como un terreno de investigaciones literarias; de aparición periódica en lo posible, y frecuente según convenga a nuestros redactores, puesto que es un blog de obsequio, un cuaderno de notas, una tertulia andante.
Nada de la obligación que impone al espíritu esa enorme maquinaria de noticias "culturales", lo que ya podemos llamar la Prensa Oficial. El Boletín Alfonsino quiere ser una defensa contra el monstruo Institución, que ahoga el impulso de pensar.